Convivencia escolar

17 Marzo 2017

Los especialistas consideran que el bullying es un “serio problema de salud pública”, con consecuencias a corto y largo plazo. Y aseguran que la prevención es el camino más adecuado para combatirlo.

Sobrenombres hirientes, golpes, amenazas, rumores malintencionados. Las fórmulas del matonaje o bullying son variadas, pero siempre tienen el mismo resultado: consecuencias psicológicas significativas a corto y largo plazo, tanto para la víctima como para el victimario.

Esas son algunas de las conclusiones de una revisión de estudios realizada por la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE.UU., en la que participaron 11 especialistas de diversos ámbitos. En su informe también dijeron que el matonaje “es un serio problema de salud pública”, por lo que es necesario combatirlo cuanto antes.

Otras de las consecuencias de este comportamiento son problemas para dormir, malestar gastrointestinal y dolor de cabeza. “Aunque las consecuencias del bullying en el cerebro todavía no se comprenden del todo, hay cambios en las respuestas al estrés, lo que aumenta el riesgo de problemas mentales, incluyendo funciones cognitivas y autorregulación de emociones”, se lee en el informe.

Los victimarios, por su parte, son más propensos a sufrir depresión y de caer en conductas de riesgo, como robo y vandalismo. Además, tienen un peor desempeño en su vida a futuro comparado con los que no ejercen el matonaje.

 

Alumno suspendido

Este panorama obligó a la Academia de Ciencias a analizar cómo se puede frenar esta conducta. Tras comparar diversas iniciativas, vieron que los colegios con una política de tolerancia cero contra el bullying no logran buenos resultados.

“Hay investigación emergente sobre las políticas de tolerancia cero -aquellas que imponen una suspensión automática o expulsión del colegio de los estudiantes después de un incidente de bullying – que dice que no son efectivas en poner freno a la intimidación ni hacen más seguras las escuelas, y que se deben interrumpir”, dice a “El Mercurio” Frederick Rivara, pediatra y epidemiólogo de la U. de Washington y quien encabezó el comité de expertos.

“Estas políticas pueden conducir a la subnotificación de los incidentes de bullying porque las consecuencias son percibidas como demasiado duras. Por otra parte, hay limitadas evidencias que demuestren que estas políticas sean eficaces en la reducción de un comportamiento agresivo o de bullying , ya que muchos jóvenes que ejercen el matonaje también pueden ser víctimas de él y pueden tener otros problemas de comportamiento, sociales o de salud mental”.

Sin embargo, explica Rivara, sí hay formas de evitarlo. “Los programas que aparecen como los más efectivos son los que promueven un entorno escolar positivo y combinan el desarrollo de habilidades sociales y emocionales para todos los estudiantes, con intervenciones específicas para los grupos de mayor riesgo. Estos programas incluyen distintos elementos, tales como profesores o consejeros que presenten estrategias para responder al bullying en la sala de clases”.

La familia también juega un rol clave en la prevención, y su labor, dicen los especialistas, es entregar apoyo emocional para evitar este comportamiento, así como reforzar las habilidades de resiliencia para afrontarlo.

Según datos de la Academia Nacional de Ciencias, el matonaje afecta a entre el 18% y 31% de los niños y jóvenes, y la prevalencia del cibermatonaje va del 7% al 15%.

“Las estimaciones son incluso más altas en los subgrupos que son particularmente vulnerables, como personas con discapacidades, obesos o LGBT. Además, los niños con pocos pares de la misma etnia en el colegio aparecen como los con mayor riesgo de ser el foco de matonaje”, se lee en el informe.

 

domingo, 29 de mayo de 2016

 

AMALIA TORRES

Educación

El Mercurio